Regalos de Navidad

En esta Navidad, no regale cosas, regale cariño…aunque si puede con ambas pues qué mejor.

Y es que la Navidad es una de las épocas favoritas del año: las personas están más felices porque es en estos días cuando se reúnen con sus familiares, esos a los que no ven en todo el año porque viven en otra ciudad o en otro país. El clima gélido es una invitación a quedarse en el hogar, que está disfrazado con adornos ajenos a la decoración cotidiana y que por lo regular no combinan para nada. De hecho, parece que mientras más chirriante sea el contraste entre la decoración, más calor navideño se percibe en el hogar.

 

A esto hay que sumarle la comida. En ninguna otra época del año desfilan tanta variedad de platillos que se comen sin culpa. Los brindis son de regocijo o reconciliación, hay tanta buena voluntad, que hasta los abstemios se conceden sus permisos.

 

La Navidad es como viviríamos si no tuviéramos obligaciones que atender, si las deudas se pagaran solas, la Navidad nos gusta porque está llena de promesas. Entre ellas, las que se acomodan debajo del árbol y tiene forma de regalo. Porque aceptémoslo, nos gustan las sorpresas, nos gustan las cosas, eso no nos hace superficiales o materialistas. No le robamos espíritu a la Navidad si deseamos recibir unas botas o un abrigo o un perfume o un libro o un juego de té  -sí, de té, porque no a todos nos cae bien el café -.

 

La Navidad es una época de afectos y éstos nos son incompatibles con los objetos. Después de todo, un regalo bien puede ser el afecto tangible, y este no se juzga por su tamaño o precio, sino por su valor emotivo, por su utilidad.

 

Si conocemos bien a la persona, sabemos bien qué le gusta y si no estamos seguros, un regalo práctico siempre es garantía sino de gusto, sí de uso. A veces nos confundimos y pensamos que lo más ostentoso es lo más deseado. Para demostrar que no, me remitiré a un ejemplo cinematográfico que seguro –espero- recuerden.

 

La escena es de Harry Potter y la piedra filosofal, cuando Dumbledore y Harry están frente al espejo que muestra la felicidad. Mientras Harry se ve con sus papás, Dumbledore a quien siempre le regalan libros y objetos mágicos que un mago menos humilde que él desearía con fervor, él se ve con un par de calcetines nuevos.

La felicidad a veces es cosa simple y lo único que hace falta, es abrir bien los ojos para saber verla y regalarla.

Deja una respuesta