Menotti y su importancia en el futbol mexicano

César Luis Menotti (Rosario, 1938), o también llamado «El Flaco» por motivos irrefutables, siempre mantuvo sus conceptos e ideas claras.

En la adolescencia pasaba su tiempo libre entre el potrero donde jugaba con sus amigos y la biblioteca del barrio de Arroyito, en su natal Rosario. Un pensante del balompié y ávido lector, no solo de temas futbolísticos, sino culturales. Su forma de ver y pensar el futbol es lo que lo ha distinguido entre los grandes de la historia simplemente por el hecho de tener una Copa del Mundo.

Un sentipensante del futbol y de la vida, como a los que apela Galeano. Sus aportes principales son los cambios que implementó en la metodología de entrenamiento. Prácticas llenas de la danza de la pelota, a la que se le tenía que dar un respeto inmaculado, respeto que también se tenía que ver reflejado hacia la afición y al rival. Métodos que de ser simples y llanas prácticas generales, se convirtieron en entrenamientos especializados para obtener lo que el entrenador busca, lo que el jugador es capaz y lo que la redonda requiere. A pesar de su campeonato del mundo, no se le reconoce como un director técnico exitoso en cuanto a reconocimientos. Aún así, el Menottismo ha marcado más allá de una época, una cicatriz en el futbol técnico y táctico a nivel mundial.

«El Menottismo ha marcado más allá de una época, una cicatriz en el futbol técnico y táctico a nivel mundial».

Anteponía el buen trato al balón y el juego en conjunto, combinándolo con un excelso trabajo de motivación; esas eran las claves del Menotti entrenador. Su forma de motivar está perfectamente plasmada en el libro «Los 11 poderes del Líder«, escrito por un pupilo suyo (ah, y también campeón del mundo), Jorge Valdano.

La breve historia se ambienta en Toulon, Francia; una selección juvenil de Argentina era la protagonista. Valdano narra que no pasaba de los 18 años y que aunque algunos compañeros ya habían jugado en primera división, apenas estaban encontrado el paso a paso del ámbito profesional. Entre ellos se encontraban Daniel Passarella, Alberto Tarantini y Américo Gallego.

El futbol europeo desde hace años se ha edificado sobre la leyenda del portento físico y futbolístico, una leyenda que Alemania reflejaba de manera cabal. De acuerdo al relato de Valdano, los alemanes, su rival en turno, parecían «superhombres» y los argentinos estaban intimidados por la velocidad y fortaleza física de los europeos. Fue entonces cuando uno de los habilidosos del equipo albiceleste, de aspecto frágil y de origen humilde, rompió el silencio. «César, los alemanes son fuertísimos«, le dijo. «¿Fuertes? No diga bobadas. Si a cualquiera de esos rubios los llevamos a la casa donde usted creció, a los tres días lo sacan en camilla. Fuerte es usted que sobrevivió a toda esa pobreza y juega al futbol diez mil veces mejor que estos tipos«, le replicó Menotti.

Valdano finalizó la anécdota con una reflexión clara. «Esa maravillosa contundencia con la que Menotti resolvió nuestras dudas cambió totalmente mi percepción y, supongo, la de todos los que escuchamos aquel comentario. Simplemente los europeos dejaron de asustarnos«.

Su idea de futbol era de ataque, principalmente, aunque sin especular con el marcador. Estilo de juego sobre resultado, como dicen algunos. Gustoso de que su defensa jugara al fuera de juego en una línea formadita siempre por cuatro jugadores. Más arriba un contención fijo acompañado de un mediocampista con buena llegada para abastecer a sus, casi siempre, delanteros técnicamente bien dotados.

Para algunos, demasiados, su gran secreto en el banquillo era que hacía sentir a sus jugadores como en casa, la confianza imperaba en sus equipos. Prueba de ello es lo que dijo René Houseman, jugador del Huracán campeón de la liga de Argentina en 1973: «Fui a préstamo y a los cinco meses me compró Huracán. César Luis Menorri fue el mejor técnico del mundo. Fue mi padre«.

El legendario César Luis Menotti fue nombrado director de las ...

Menotti, entre la vestimenta corta y el pantalón largo

Menotti nació el 5 de noviembre de 1938 en Rosario, Argentina. Jugaba como volante, aunque en ocasiones también lo hacía de delantero. Su debut en primera división se dio un 3 de julio de 1960, jugando para su amado Rosario Central. Tras tres campañas pasó al Racing de Avellaneda, donde estuvo un año nada más, pues llamó la atención de Boca Juniors. En su primera campaña fue campeón de Liga y en su estancia en el club xeneixe marcó seis goles en 18 partidos. Tras esa buena temporada se marchó a Estados Unidos para jugar en la ya extinta NPSL (National Professional Soccer League) para The Generals.

Menos de un año estuvo en Nueva York; pasó al mítico Santos de Brasil, cuando era comandado por un tal Edson Arantes do Nascimento. Ganaron el campeonato paulista y pese a ello, se marchó del club para acabar su carrera en el Club Atlético Juventus, donde colgó las botas en 1970.

«El Flaco» no perdió el tiempo y pocos meses después de su retirada se hizo auxiliar técnico en el Newell’s Old Boys del «Gitano» Juárez. Se mantuvo por dos años hasta que el Huracán le ofreció el puesto de entrenador en 1973. En poco menos de un año logró ganar el Torneo Metropolitano, campeonato muy valioso para uno de los mejores equipos de la era amateur de Argentina. César se ganó el respeto y admiración de su afición; gustaba y goleaba.

Es por ello que después del Mundial de Alemania 1974, Menotti tomó las riendas de la albiceleste y marcó un claro antes y después con su llegada. Argentina se había caracterizado por ser un equipo con grandes jugadores, pero que cambiaba constantemente a sus seleccionadores, sin una idea de proceso ni proyecto a largo plazo. Dicho sea de paso, en esas épocas, vestir la albiceleste no era prioridad para muchos jugadores argentinos.

Para la Copa del Mundo de 1978, en casa, el territorio argentino se encontraba en plena dictadura de Videla y con la selección bajo la mira de la sociedad como un método para hacer olvidarlos problemas políticos y sociales del país.

Menotti, que tenía como pasatiempo el analizar a diferentes equipos del mundo con el fin de mejorar a la selección; así puso su mira en un jugador llamado Reiner Bonhof, del Borussia Monchegladbach de Alemania. Una tarde con el Mundial muy cerca, «El Flaco» mandó llamar a uno de sus jugadores: «Américo (Gallego), ¿es usted capaz de jugar como ese alemán?«. El jugador respondió con un simple «sí» y el resto es historia. El torneo de Américo Gallego fue admirable, que lo consolidó como uno de los mejores ‘5’ de la historia de su país. Aún así, no todo fue miel para Menotti. Una de las situaciones más duras y criticadas fue convocar a Mario Alberto Kempes y dejar fuera a la joyita de Argentinos Juniors, Diego Armando Maradona.

Menotti dejó fuera a Maradona para convocar a Kempes en Argentina 1978. El tiempo le dio la razón.

Para Diego, el recuerdo de esa anécdota es doloroso. «No se te borra nunca«, ha dicho. El pretexto del director técnico para no llamarlo era hasta cierto punto congruente. «Recuerdo con dolor aquella vez que tuve que separar del Mundial de 1978 a varios jugadores, más allá de la exclusión de Maradona, que yo sabía que iba a llegar lejos y que iba a jugar otros Mundiales, había jugadores para quienes era su única oportunidad de jugar un Mundial«.

Maradona, confeso admirador de Menotti, tiene cierto rencor por aquella decisión:

«Ese día, el más triste de mi carrera. Juré que iría por la revancha. Fue la desilusión más grande de mi vida, lo que me marcó para siempre. Yo sentía en mis piernas, en mi corazón y en mi mente que yo les iba a demostrar que iba a jugar muchos Mundiales. Eso mismo me decía Menotti, pero yo no entendía sus razones«.

El tiempo le dio la razón a César Luis Menotti. Argentina venció a Holanda en la final de la Copa del Mundo de 1978 y se proclamó campeón por primera vez en su historia. Kempes, por su parte, no sólo fue la figura de la Albieceleste, sino que se declaró como campeón de goleo del certamen al anotar en seis ocasiones. El éxito no pudo ser replicado en España 1982 (en la que tuvieron una precaria actuación) por lo que tras 12 años al mando del banquillo de Argentina, fue cesado.

Menotti llegó al Barcelona. La Ciudad Condal lo recibió en 1983 para dirigir los últimos 13 partidos de la temporada (la 1982/83 la comenzó dirigiendo el alemán Udo Lattek antes de ser cesado; el español José Luis Romero dirigió también un partido antes de la llegada del argentino); logró ganar la Copa del Rey y la ya extinta Copa de la Liga. Para la siguiente campaña, Menotti comenzó desde cero. Empezó con el pie derecho al ganar la Supercopa de España, sin embargo, los culés fueron terceros en LaLiga, subcampeones de Copa y semifinalistas de la Copa de la Liga; tan pronto concluyó la temporada se marchó.

Se alejó durante dos años para seguirse empapando de futbol y en 1986 se sentó en el banquillo de Boca Juniors. Salvó una gris temporada de los xeneixes y la maquilló terminando en cuarto lugar de la liga. A pesar de mejorar el rendimiento del equipo, no continuó pues el destino lo llevó de regreso a España, con el Atlético de Madrid.

Como colchonero tuvo un buen arranque con el equipo en la parte alta de la tabla, pero a finales de febrero del 88 una debacle de seis partidos sin ganar, estalló debido a una derrota ante el acérrimo rival (1-3, vs Real Madrid) y significó su despido del banquillo.

Volvió a su Argentina para ponerse alfrente de los Millonarios. Con River Plate la cosa no fue muy diferente, Menotti no pudo concluir al temporada al ser despedido por malos resultados; un año después, volvió a fracasar pero esta vez en Uruguay, dirigiendo al histórico Peñarol.

Sin embargo, esa ola de malos resultados lo llevo a buen puerto para principios de los noventas. Buen puerto al menos para el siempre maltratado futbol mexicano. En agosto de 1991, César Luis fue presentado como entrenador de la Selección Mexicana.

Llegó a una selección con una muy buena camada de jugadores donde resaltaban los nombres de Alberto García Aspe, Carlos Hermosillo, Luis Roberto Alvez «Zague», entre otros. Sin ir más lejos, fue el primer entrenador en convocar a Jorge Campos, Claudio Suárez y Ramón Ramírez. Un año y medio duró su aventura en tierras mexicanas, donde más allá de lo poco que pudo demostrar en cuanto a resultados, dejó un legado imborrable; de eso hablaremos más adelante.

En 1993 Boca Juniors volvió a confiar en Menotti. El entrenador argentino consumó otro fracaso y estuvo fuera de los banquillos por dos años, cuando llegó al Independiente y logró un subcampeonato, aunque no se mantuvo más tiempo, pues se marchó a Italia para dirigir a la Sampdoria, donde sumó otro fracaso al ser cesado a los ocho partidos (3G, 2E, 3P). Regresó a Avellaneda, pero en dos años no tuvo ningún logro.

Fue hasta 2002 cuando volvió a los banquillos tras tres años de ausencia. Lo hizo con Rosario Central, el equipo de sus amores. Inició con el pie derecho al ganar cinco de los seis primeros partidos, pero más tarde cogieron una racha de nueve encuentros sin ganar y fue despedido. Dos años más tarde, otra vez Independiente confió en él, por tercera vez aunque sin grandes victorias de por medio. En 2006 y 2007 estuvo en Puebla y Tecos, respectivamente, y tampoco tuvo buenos resultados. De hecho, con el equipo de Jalisco terminó su periplo como entrenador.

México era feliz con ir al Mundial, hoy se le exigen cuartos ...

No puede caber duda en que más allá de los resultados, César Luis Menotti fue uno de los personajes que más ha impulsado el crecimiento del futbol mexicano en las últimas dos, casi tres décadas. Tuvo poco más de 20 partidos para mostrar su valía como entrenador y pese a que sus resultados y funcionar del equipo no fueron nada del otro mundo en cuanto a seleccionadores pasados, su principal logro reside en lo que empezó fuera del terreno de juego.

La Selección Mexicana estaba en crisis tras perderse el Mundial de 1990 por el bochornoso tema de los ‘cachirules’. Entonces fue cuando llegó Menotti. Su impacto inmediato fue positivo. El hecho de ser tomados por un director técnico campeón del mundo ayudó a que una generación con poca ambición, volvieran a sentir orgullo de vestir la verde.

Con su particular forma de trabajo, César reforzó la mentalidad de los seleccionados mexicanos. Dejó bases sólidas para que, poco a poco, se hiciera a un lado el complejo de inferioridad cuando el Tri se enfrentaba a selecciones de alto calibre.

Se puede decir que Menotti marcó un antes y un después en la Selección y la mentalidad del futbolista mexicano.

Una de las principales repercusiones de la era Menotti era una que estaba viva hasta hace poco: la inclusión de México en los torneos de CONMEBOL, ya fuera Copa América, Copa Libertadores e incluso Copa Sudamericana. Sin Menotti, Maurer y Francisco Ibarra nunca se hubiera hecho las gestiones para poder participar en torneos ajenos a la CONCACAF.

El «Emperador» Claudio Suárez y Ramón Ramírez, dos jugadores que fueron llamados por primera vez en aquella época, son conscientes de la repercusión del entrenador argentino. Cuando México ganó la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, ambos coincidieron que «era producto de las bases que sentó (Menotti)”.

El 27 de octubre de 1992, César Luis dimitió como seleccionador mexicano, dejando la posibilidad de ser «repescado» por las siguientes tres semanas, pero no pasó. La renuncia se dio después de que los directivos que lo habían contratado habían sido despedidos para renovar la dirección de Selecciones Nacionales. Tal vez la llegada de Menotti no tuvo tanto impacto por aquel agosto de 1991, o peor aún, no se le recuerda como debería. Sin embargo, su llegada al banquillo tricolor fue una de las mejores cosas que le pudo pasa al futbol mexicano.