Jorge Carrascosa: un capitán que no quiso ser campeón mundial

Las palabras fueron: «No va más, Cesar…». Así, Jorge Carrascosa le comunicó a César Luis Menotti que no iba a jugar la Copa del Mundo de Argentina 1978. Era capitán, líder del plantel y el lateral izquierdo titular.

El Mundial del 78 tenía fines totalmente propagandísticos para la dictadura. Videla quería dar la mejor imagen posible y trataría de mostrar al mundo que las cosas corrían con normalidad en su país.

El régimen había iniciado en 1974 con el nombre de Proceso de Reorganización Nacional. Sindicalistas, estudiantes y afiliados políticos, por mencionar algunos, comenzaron a temer por su integridad, pues, desde el día uno del régimen. Pero mientras en la madrugada del 24 de marzo María Estela Martínez de Perón, presidenta de Argentina, era detenida en el Aeroparque Jorge Newberry, la selección de fútbol se encontraba a varios miles de kilómetros de distancia, en Chorzów, donde le esperaba un partido amistoso frente a Polonia, el tercer lugar de Alemania ’74.

El general Jorge Rogelio Villarreal le avisó a María Estela que «las Fuerzas Armadas han decidido tomar el control político del país» para posteriormente arrestarla en la Residencia El Messidor y dar oficialmente iniciado El Proceso con Jorge Rafael Videla a la cabeza. Se interrumpieron todas las transmisiones para dar el anuncio del cambio de gobierno y para lo único que se retomó la señal de tv y radio durante el día fue para que la gente pudiera ver la victoria por 1-2 de la albiceleste contra los polacos.

Entre ese equipo estaba un lateral izquierdo, Jorge Carrascosa, cuyo apodo de «Lobo» no le hacía honor a la persona. Era el capitán, el líder. Tenía rostro serio, unas entradas que no hacían justicia a su edad y un aspecto frío pero paternal. El «Lobo» se divertía con el «Loco» Housemann en el Huracán, ganaron juntos el Metropolitano en 1973. Housemann contó que Jorge ejerció de líder como nunca cuando el golpe de estado los agarró en Polonia, pues se encargó de tranquilizar a la expedición argentina en su viaje a Europa gracias a su poder de palabra.

Jorge Carrascosa, un capitán especial

Carrascosa era un tanto atípico. Conforme pasaban los años se fue dando cuenta de algunas cosas que no solo rechazaba en el deporte, sino que repudiaba. El tener a primera mano información sobre árbitros que regalaban penales por dinero, de jugadores que se dopaban y, por si fuera poco, de la violencia en los estadios, lo fue alejando cada vez más de su pasión por el fútbol. Hoy se le consideraría un romántico y los afiliados a la corriente de «odio al fútbol moderno» lo tendrían en un pedestal.

El lateral ya le había expresado esos descontentos al “Flaco” Menotti, su máximo compinche en la selección. Incluso estaba pensando en dejarlo; para el “Lobo” no valía la pena seguir jugando a ese precio. La llegada de la dictadura solo empeoró las cosas.

Jorge Carrascosa & Diego Maradona | Camisetas de fútbol, Piernas ...
Carrascosa junto a Diego Armando Maradona.

Su negativa para defender la camiseta de la selección en el Mundial cuando además serían sede, fue bastante polémica. Se dijo de todo. Hubo quienes acusaron a Carrascosa de vendepatria, aunque la versión que más sonó era su afiliación comunista y que aquella era una forma de rebelarse contra el régimen.

La única realidad es que el capitán de la albiceleste ya no estaba a gusto en el ambiente del fútbol por cosas que él mismo había vivido. Algo se rompió en el líder de la escuadra pampera; concretamente en 1974, el 23 de junio, en plena Copa del Mundo. Argentina, para pasar, tenía que derrotar a la humilde selección de Haití, un trámite, vaya; mientras que la ya clasificada Polonia, comandada por Grzegorz Lato [Dato extra: vino después a México y ganó una Concachampions con el Atlante], tenía que vencer al subcampeón del mundo, la Italia de Zoff, Mazzola, Capello y Gianni Rivera. La selección Argentina decidió motivar económicamente a los polacos para que echaran una mano. «Mirá, si alguien va a jugar mejor porque le den más plata…», pensó Carrascosa tras la sorpresiva victoria polaca por 2-1.

Desde ese episodio, el «Lobo» no paraba de pensar en lo contaminado que estaba todo. Sus pláticas sobre dejar el futbol con Menotti era constantes, pero el entrenador lo motivaba a seguir un poco más por lo importante que era para el grupo. Sin embargo, cuando llegó el momento en que Menotti tenía que dar la lista final, el dilema entre llevar a la jovencísima promesa de 17 años de Argentinos Juniors, un tal Diego Armando Maradona o llevar al todavía no tan «Matador» Kempes, pasó a segundo término.

El «Flaco» todavía le dio una oportunidad más a nuestro protagonista de cambiar de opinión y le marcó un día antes del anuncio oficial; Jorge Carrascosa estaba guardado en algún lugar de Mar de la Plata. «No va más, Cesar…», le dijo. Al siguiente día, efectivamente, el lateral izquierdo y capitán de la albiceleste no estaba en la lista para el Mundial de Argentina ’78.

Daniel Pasarella ocupó el gafete vacante y después del 3-1 a una Holanda que no pudo llevar a su máxima estrella, Johan Cruyff (esta historia la contaremos en otro momento), cargó el trofeo que los acreditaba por primera vez como campeones del mundo. Ni ver a Pasarella tocando el cielo con la copa en las manos, hizo a Carrascosa arrepentirse.

«Hay muchas cosas que pasan en este sistema de vida que te hacen dejar, perder las ilusiones».

«No es necesaria una dictadura militar para dejar el fútbol. Hay muchas cosas que pasan en este sistema de vida que te hacen dejar, perder las ilusiones (…) Sucede que uno está en una sociedad donde uno vale por lo que gana y no por lo que realmente es. Y fuera del fútbol, la cosa es igual, superficial…», comentó en una entrevista a la revista Mística.

Al final, la negativa de Jorge Carrascosa, el capitán que pudo y no quiso ser campeón del mundo, no se trató de un mensaje contra la dictadura, sino una decisión por consciencia propia. Se quiso ir con dignidad, como le dijo a El Gráfico…. porque sí hay gente que tiene firmes sus ideales.